ENEATIPO 4

 PASIÓN

ENVIDIA.
Muchos de nosotros nos estamos del todo contentos con nosotros mismos tal y como somos, o con lo que tenemos, casi invariablemente, como son los otros o lo que tienen nos parece mejor. Por otro lado, cuántas veces nos hemos alegrado por la suerte que otra persona ha obtenido, porque ha conseguido un buen trabajo, una buena pareja, un premio, o por el contrario hemos lamentado que otra persona le haya salido algo mal. En cualquier caso, la buena o mala suerte de otros es algo que personalizamos, sea cual sea nuestra situación.
Constantemente comparamos lo que tenemos con lo que tienen otros, y la mayoría de las veces suele ser mejor lo de algún otro, tenemos cierta tendencia a proyectar plenitud, satisfacción, felicidad y otras cosas positivas en los demás y desde nuestro puntos de vista los demás siempre parecen tener lo que a nosotros nos falta. Esto nos lleva a percibir y proyectar lo bueno de nosotros en el exterior y a envidiar a los que están dotados con ello.
La parte más oscura de la envidia la podemos ver cuando seguimos a quienes envidiamos buscando la parte criticable de ellos, tratando de calumniar, perjudicar o hacer mal de alguna manera, e incluso alegrándonos cuando sufren o algo les va mal.
En términos del eneagrama, podemos decir que nuestra envidia se muestra de modo más dramático en cuanto se trata objeto de nuestro instinto dominante; sexual, social o autoconservación.
En el subtipo de autoconservación tenemos tendencia a envidiar la seguridad física, en forma de suficiencia económica, de una buena casa, o un buen puesto de trabajo, también envidia de la fortaleza física, la resistencia o la salud, en general cualquier cosa que percibamos superior en otro relacionado con la supervivencia y el bienestar.
En el subtipo social la envidia trata sobre la capacidad de ser considerado un buen amigo, o un lugar en el grupo jerárquicamente superior, además del prestigio, el poder, respeto social, elogios, etc..
Y si el instinto sexual es el dominante sentiremos la envidia en el área de las relaciones íntimas, como la capacidad de atraer a alguien, o la pareja de otro pensando que es más deseable que la nuestra, el número de conquistas, etc. Además algunos sufren simplemente por estar interesados en alguien que no está a su alcance, hasta el punto de que esta es la única relación suficientemente excitante para mantenerse enganchados a ella.
Hay grados de envidia, empezando por la admiración hacia alguna persona o a algo que posee y desear que nosotros lo

 poseyéramos, esto es algo que siempre está presente. En su grado más alto la envidia es un estado de profunda turbulencia y malestar, puede alcanzar el extremo de malicia o de odio. Si permitimos ese odio en nuestra alma veremos que es un intento de destruir la fuente de esa perturbación interna en un intento de restaurar la paz en nuestra conciencia.
La envidia es así una respuesta a la disparidad y la discrepancia de un juicio comparativo, y en este juicio está implícita la preferencia por lo que hemos juzgado como mejor y con ello el juicio de que lo nuestro es inferior. Una vez que este juicio está hecho nos volvemos contra nosotros rechazando y esencialmente odiando lo que somos y lo que tenemos.
Lo que añade malicia a la envidia es tanto el sentido de injusticia por no poseer el objeto como el no poder adquirirlo. Esto lleva a sentir hostilidad hacia lo que consideramos bueno, y empezamos a odiar la fuente de nuestra envidia por hacernos sentir tan desprovistos de suerte y tan impotentes de para hacer algo por cambiarlo.

VIRTUD

ECUANIMIDAD.
Cuando envidiamos a otro estamos idealizando al otro y a lo que éste posee, y al mismo tiempo rechazando a nosotros mismos y a lo que tenemos. De este modo tanto nosotros como el otro en vez de ser tomado como una totalidad, una persona completa, es considerada por una parte, y la parte o las partes del otro son idealizadas como lo bueno, y esto es todo lo que vemos. Solamente cuando estamos abiertos a nuestros cambios de estado, cuando somos capaces de vernos en nuestra totalidad, vernos con todo lo que somos, somos capaces de ver lo mismo en los otros.
Ecuanimidad viene a significar “igual animo”, lo que se puede traducir en un balance emocional, y este balance sólo es posible cuando nos soportamos a nosotros mismo con equidad, de mente y de corazón, es una apertura hacia toda nuestra totalidad, cuando somos ecuánimes estamos en un estado de equilibrio emocional que empieza por una visión equilibrada de los otros y de nosotros mismos.
La ecuanimidad se desarrolla manteniendo nuestro corazón abierto a todas las circunstancias cambiantes de nuestra vida. Manteniendo una apreciación abierta hacia lo que consideramos bueno, no como algo deseado y de lo que no disponemos, sino como algo implícito naturalmente en nosotros al igual que en los otros. Cuando somos capaces de regocijarnos y deleitarnos en la belleza, brillantez, abundancia o desarrollo del otro estamos reconociendo que es una parte de la totalidad de la que también somos parte.
Como todas las virtudes, desarrollar la ecuanimidad empieza con nuestra experiencia del momento presente. Nuestra relación con los procesos internos, con el constante cambio de pensamientos, sentimientos y sensaciones es el principio de la ecuanimidad. La verdadera actitud de ecuanimidad, no valorando una experiencia sobre otra, nos permite estar con la totalidad de nuestra experiencia, y haciendo eso, experimentar nuestra totalidad.

La autopercepción del E4 se sustenta en la idea del defecto y la carencia, cuyos orígenes hay que remontar a la infancia. Se convierten en una constante vital de la que no se puede prescindir. La insaciabilidad es su drama porque nunca alcanza la satisfacción. La envidia actúa de sucedáneo pero nunca consigue su objetivo. A lo más, se aproxima. La referencia ajena es la pauta, por lo que el sentimiento de disgusto es mayor…..
El sentimiento de pérdida está vinculado al amor, como instancia primera y última del E4. La seguridad de amar y de ser amado se ve resquebrajada por la privación óntica que implica el tipo de pérdida que experimenta. El vacío se traduce en falta de amor y la voracidad que despierta en hambre de amor. El mecanismo que une ambos es la envidia como carencia y deseo.
La pérdida genera tristeza y melancolía. La nostalgia pone el acento en lo que no se posee. Por ello, el E4 huye del aquí y del ahora para refugiarse sobre todo en el pretérito: «Cualquier tiempo pasado fue mejor». El presente se muestra inalcanzable. Se pierde así la conciencia de los valores poseídos.
La valoración de lo ajeno viene acompañada aquí por la desvalorización de lo propio. Lo primero puede ser virtud y perspicacia, pero junto a lo segundo la envidia está servida. Este proceso contiene un odio soterrado hacia sí mismo, que tarde o temprano desemboca en un descrédito general, incluido el objeto admirado: » las uvas están verdes», según reza la fabula de Samaniego.
Perturbación de la conducta a través de algunas estrategias operativas:

1.Comparación que conduce a la competitividad.

2.Dependencia y apego en las relaciones con los demás.

3.Desvalorización unida a la culpa y al deterioro de la autoimagen.

4.Vivencia masoquista del dolor y del sufrimiento.

5.Desconfianza, miedo, huida y alejamiento.

6.Emocionalidad preponderante que culmina en el odio.

7.Experimentación intensa de las necesidades y de ser especial.

La relación de pareja y amistad se concreta en la dependencia y el apego como formas parasitarias de vivir el amor. La envidia cifra sus pretensiones en suprimir la alteridad y la diferencia, al menos cuando éstas son vividas desde la inferioridad. Esta tarea justamente dinamita las bases del amor, porque tanto la alteridad como la diferencia son sus ingredientes básicos. La ruptura o la separación, en tanto que pérdida del referente envidiado, condenan a la soledad y al vacío. No hay amor al otro sino utilización. No se busca al partner, con quien se establecen relaciones de simetría, sino un salvador que se enfrenta a la tarea imposible de proporcionar felicidad a un E4. El autoboicot del envididoso invalida cualquier intento.

E IV. La envidia. Envidia de que otros hayan tenido una infancia mejor, de que los demás puedan tener una vida plena y sepan quienes son. Ella no sabe bien quien és, sabe que si no le hubieran fallado cuando era una niña ahora podría ser alguien y sentirse bien. Pero se siente mal, no puede perdonar, le han privado de una vida como la de las personas felices que tanto le molestan. Insatisfacción, tiende a evitar la dicha, se siente más segura en su amargura, al fin y al cabo la felicidad no puede durar y eso conlleva una frustración. Desde su negrura reclama amor y atención. Si no se lo das te hará sentir culpable, se siente mal por tu culpa y no te perdona por ello y mucho menos aún, consentirá que seas feliz. Y si se lo das también te hará sentir culpable, por no estar a la altura de lo que ella esperaba,y sufrirá por ello y te hará sufrir con ella. Aún así necesita el amor, le hace sentir, necesita sentir, es en sus sentimientos donde siente que es alguien. Dependencia sin confianza, amor sin entrega, quiere un amor que no existe, sólo está en sus sueños.

 

Lluís Rodríguez

Psicólogo, psicoterapeuta y formador. Profesor de Eneagrama de la Personalidad.

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