GULA

Todo lo que nos gusta o nos proporciona placer nos atrae inevitablemente, de la misma manera que todo lo que nos hace sufrir nos produce aversión y nos impulsa a huir o a evitarlo de algún modo. Este impulso que a todos nos define es la característica principal del “eneatipo siete”, y al mismo tiempo su gran fuente de sufrimiento.

En la actualidad esta faceta del ser humano se encuentra sobre-estimulada. Vivimos en una sociedad consumista en la que se han cambiado los antiguos valores por otros nuevos, (que se pueden comprar), y nos encontramos inundados en todo momento por una avalancha de ofertas que se podrían resumir en que lo que otros tienen y les hace ser felices, (o eso es lo que nos quieren hacer creer), se puede comprar con dinero. Esto se transforma en una epidemia de adictos a la búsqueda de la felicidad, un ansia insaciable por estímulos excitantes que nos hagan sentir cosas que ya no sabemos ni siquiera qué son; y una necesidad de ganar dinero para comprar todo esto que nos lleva a una absoluta insatisfacción, que evidentemente solo podemos soportar si nos compramos más cosas, hacemos más viajes, o nos apuntamos a más actividades, etc.

De esta manera buscamos cosas que nos distraigan y nos ayuden a evitar cualquier sensación de sufrimiento, tratamos de eliminar de nuestra vida todo aquello que no nos gusta en vez de enfrentarnos a ello. El móvil, la televisión, el alcohol, el tabaco, etc., son herramientas que nos proporcionan una evasión, momentos de distracción en que podemos dejar de pensar en el lado negativo de la vida, momentos en los que podemos fantasear que estamos bien simplemente no siendo conscientes de nuestras dificultades y de nuestras miserias.

Puede definirse este problema como una manifestación de inmadurez, una actitud infantil e ingenua, como si fuéramos niños grandes que se mueven simplemente por el impulso del placer mientras los adultos se encargan de solucionar los problemas. Porque ser adulto significaría aceptar las cosas como son en realidad, y hacer lo que se necesite para solucionarlas, al margen del grado de confort o disconfort que experimentemos con ello.

La pasión del eneatipo siete es la “gula”, una emoción profunda y permanente que confunde el sentido de la vida con la búsqueda del placer. La gula es, sobre todo, un deseo por consumir, o más bien por probar y sentirse estimulado, un apetito mental que se basa en una sensación de bienestar fruto de la idea de sentirse conectado con el placer, y una promesa de poder alcanzar la felicidad si mantenemos esa agradable excitación durante todo el tiempo.

Sin embargo esta es una experiencia superficial, que no llena, que no satisface el resto de las dimensiones del ser humano. Ignorar lo feo de la vida es perpetuar su influencia, es acabar creando una angustia de fondo que nos niega el contacto con nuestro ser, que nos obliga a auto-engañarnos, mediante la racionalización característica de este eneatipo. Y lo que más llama la atención es que la Gula refleja de modo directo el dolor del Siete, aunque parezca lo contrario, un mayor esfuerzo por estar estimulado evidencia un mayor sufrimiento del que se quiere escapar.

Para que esta felicidad sea real se necesita tomar contacto con las interioridades del Ser, mirar a nuestra alma, sea lo que sea lo que nos encontremos, y observar este sufrimiento sin miedo y sin juicio. Cambiar el “principio del placer” por el “principio de la realidad”, y esto nos lleva a la virtud del Siete, la “Sobriedad”. La sobriedad denota una restricción por los apetitos y nos guía por el sano camino de la razón mediante la reflexión fundada en la realidad y no en los impulsos resultantes del deseo.

El sentido de esta virtud reside en la consciencia del momento presente, independientemente de si nos gusta o no, sin juzgar si es bueno o si es malo. abrazar lo que “es” en cada momento y observar cómo nos transforma. Valorar y apreciar el momento presente nos proporciona una sensación de paz, una aceptación de lo que estamos experimentando es la manera de estar conectados con nuestra esencia y sentir la plenitud de la vida, no necesitamos nada más.

Sobriedad es así un no dejarse llevar por los impulsos de nuestras emociones, no embriagarnos por experiencias estimulantes, ni ignorar o exagera nuestro dolor, sino experimentarlo todo directamente, completamente, con toda la plenitud de nuestro ser. Dejar de sentirnos sedientos y ansiosos como vasos que se tienen que llenar, conectar con la vida, con nuestra alma y abrirnos al misterio de nuestra verdadera naturaleza.

 

 


Lluís Rodríguez

Psicólogo, psicoterapeuta y formador. Profesor de Eneagrama de la Personalidad.

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