ENEATIPO 5: LA AVARICIA

Con frecuencia nos aferramos a algunas cosas con una gran fuerza, como si nuestra supervivencia dependiera de ello. La tendencia a poseer y la resistencia a dejar ir, es uno de los más poderosos y característicos impulso de nuestro ego. A qué nos aferramos varía mucho según sea nuestro ego, así, diferentes eneatipos y subtipos se aferran a cosas diferentes, sean objetos materiales, recursos, personas, grupos, poder, éxito, etc.

En el eneatipo Cinco encontramos la pasión de la avaricia como la principal característica emocional. La avaricia no se trata, hablando de eneagrama, de un impulso por acumular sino un impulso por retener, por conservar los recursos que ellos, profundamente, sienten que necesitan y sin los que no podrían vivir en paz. Se trata, en realidad, de la sensación de que si conservan estos recursos estarán protegidos ante lo peor que pudiera pasar, puesto que el Cinco vive como si estuviera solo en el mundo ante el peligro, y no puede, o no quiere, contar con la ayuda de los demás.

Y este sentirse separado es el error de este eneatipo, pensar que eres un individuo es correcto, pero no un individuo aislado con límites que nos separan de los demás. Un Cinco vive la vida como si estuviera en una burbuja, a través de la que puede ver el mundo y a las personas, pero siempre preocupado de que se pueda quedar sin aire, que el aire que está fuera de su burbuja no le sirve a él para respirar. Así que lo que hace es protegerse, estar aislado significa que puede tener el control de su mundo, y que nadie le va a invadir y le va a dejar sin aire. 

Por eso retiene, porque en el fondo siente que lo necesita, que en realidad su mundo es tan precario que no tiene para dar, ni para compartir, cree que se quedaría enseguida sin nada y desaparecería. Por este motivo la pasión de la avaricia no tiene que ver simplemente  con retener cosas materiales, es más un sentido del ego lo que retiene, una auto-imagen interna, de sí mismo y de su mundo particular. Lo que retiene el Cinco es su propio yo, lo cual refleja en los demás su sentido de estar aislado, y  le hace parecer extraño y diferente, ofreciendo más bien un aspecto de estar en retirada y oculto de la completa conexión con la vida plena.

 

Detrás de este aspecto de tipo raro se encuentra alguien temeroso, el Cinco acostumbra a ser en realidad una persona muy sensible, a pesar de lo que parezca desde fuera, es como si sus nervios estuvieran expuestos al exterior y esto les hiciera parecer reservados y retraídos, y emocionalmente empobrecidos, debido a una especial sensibilidad a la intrusión emocional, básicamente, y a una necesidad de sentirse seguros tratando de mantener el mínimo «input» desde el exterior. Aunque algunos Cinco parezcan gregarios, esto es solo algo superficial, siempre hay una parte de ellos que se siente separada, que se mantiene en el aislamiento, exponerse demasiado le resulta amenazante y para defenderse, antes o después, necesitan retirarse. Una metáfora adecuada sería la de una tortuga, preparada en todo momento para esconderse en su caparazón si se siente amenazada.

 

 

Otro modo de exponer esta pasión podría ser utilizando el concepto de «apego», una característica del ego que trata de encontrar seguridad sintiéndose vinculado a algunas cosas. Y al explorar esta pasión nos podríamos adentrar en el terreno de la espiritualidad, sobre todo en el entendimiento que encontramos en el corazón del budismo, y donde vemos que el mayor apego es al concepto del «yo», y a las opiniones y creencia que tenemos, y que el apego es en sí suficiente para explicar el sufrimiento humano, tal y como expone la teoría budista a partir de las «cuatro nobles verdades».

Esto nos lleva a la virtud del eneatipo Cinco, el «desapego». Cuando aquí hablamos de desapego no significa el no poseer nada, puesto que esto se convertiría en el apego a no tener, algo que suele malentender el Cinco cuando se comporta de manera austera y aveces miserable. El auténtico desapego es hacia nuestro ego, hacia todo aquello que nos separa de los demás detrás de la creencia de que debemos ser y poseer para sentirnos bien, y que debemos protegernos de los demás para que no nos quiten lo que somos. Desapego es darse y compartir, sentir que en todo momento tenemos lo que necesitamos para vivir, y que lo que de verdad nos hace felices no es lo que tenemos, ni lo que somos, sino los momentos que vivimos al lado de las personas que nos importan. En fin, no es tener, ni retener, es dar y compartir.

 

Lo que necesitamos es estar presentes en nuestros corazones, en nuestro cuerpo y en nuestra experiencia. Cuando conectamos con nuestra verdadera naturaleza nos damos cuenta de que no hay nada a lo que estar apegado, porque todo lo que somos es esa apertura a sentir la libertad y la conexión con el todo, cuando comprendemos que nuestra verdadera naturaleza es algo a lo que no podemos apegarnos, que simplemente «es», y es entonces cuando podemos relajarnos y abrirnos a la realidad con confianza.

La experiencia es algo que cambia constantemente, y cuando conocemos esta experiencia creemos que hay un momento fijo al que aferrarnos, sin embargo todo es como el curso de un río, con un cambio permanente.  La verdad es que nuestra verdadera naturaleza es simplemente este cambio que fluye, todo es impermanente, y lo único que tenemos es el momento presente y lo que hagamos con él.

 

 

Dice Oscar Ichazo: Desapego es la comprensión precisa de las necesidades del cuerpo. Un ser desapegado toma solamente lo que necesita y deja ir todo lo demás. Desapego es la postura que permite que la energía vital fluya libremente a través del cuerpo…Esto se entiende mucho mejor si pensamos en necesidades como las necesidades del alma. Las necesidades surgen, no se crean ni se anticipan.

 

 

Desapego es vivir el presente, ser conscientes de que somos parte de algo mayor, y todos somos parte de ello. Es sentir la libertad de ser uno mismo en cada momento y expresar el contenido de nuestra alma. Vivir para uno mismo no tiene sentido, el sentido de la vida pasa por trascender los límites del ego y cumplir el cometido que cada uno de nosotros tiene como parte de la naturaleza de todas las cosas…

 

 

 


Lluís Rodríguez

Psicólogo, psicoterapeuta y formador. Profesor de Eneagrama de la Personalidad.

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